Enrique Guzmán causó gran fervor en Guayaquil

Enrique Guzmán causó gran fervor en Guayaquil@GuayaCaliente - Precedido de una campaña mediática como nunca antes había efectuado Enrique Guzmán en Guayaquil, el concierto en el Centro de Convenciones de Guayaquil tuvo convocatoria, en gran medida, de la tercera edad.

Debo destacar la seriedad y sencillez de Patsy Roa, cuyo invalorable apoyo permitió la realización pormenorizada de esta cobertura. Ella es, sin poses, lo que una funcionaria tiene que ser.

La Trinka abrió el recital y Pepe Parra fue el indiscutido maestro de ceremonias. Un revival group que literalmente revive el rock primario de los años cincuenta y sesenta, La Trinka causó gran impresión animando al público con un sonido fresco, rítmico y melódico, así como dos cantantes, el uno en español y el otro en inglés.

Con guitarra, bajo y teclados escogieron el clásico Don’t Be Cruel, de Elvis Presley, al comienzo de su carrera, cantada muy bien en inglés. Teen Angel, emblemática balada-rock de EE.UU., y Despeinada, su contraparte en español, fueron seguidas con la primera intervención de Pepe Parra cantando Sixteen Tons en español con buena voz, profunda y sosteniendo al final para un público que lo aplaudió sin reservas.

 

El falseto del guitarrista les permitió hacer Speedy González, pero lo mejor de La Trinka fue, sin lugar a dudas, Only You, de Los Platters, con toda la rocambolesca vocalización del original. Tequila fue el deleite del público y antes de que Los Iracundos salieran a tocar, Pepe Parra cantó Perfidia a capella, demostrando que su excelente voz permanece intacta.

Enrique Guzmán causó gran fervor en GuayaquilAsí, Los Iracundos tomaron la posta ante la expectativa de muchos fans del grupo original, de los cuales solamente Juan Carlos Velásquez estaba presente para este concierto, ya que usualmente es Nery Anchundia, ecuatoriano, el encargado de la batería.

Actuó en forma de banda sonora de Urdesa en el Guayaquil de los sesenta y fue la génesis musical de Los Corvets, y así, Los Iracundos tocaron sus hits más famosos como Te has quedado sola y Tú con él, resaltando un romanticismo infantil que hoy en día resulta una pieza de museo.

El sonido chillón de dos guitarras, teclados, corista, batería y voz cansó al público antes de finalizar interpretando Puerto Montt, verdadera belleza melódica para todos los tiempos.

Finalmente salió Enrique Guzmán al escenario con toda la prosa que lo caracteriza y ostentando un backing musical completo compuesto de trombón, trompeta, saxo tenor, guitarra, bajo, batería, teclados y un extraordinario coro de tres, dos hermosas mujeres y un hombre, no solamente ofreciendo gran complemento vocal, sino moviéndose con un estilo antiguo y moderno a la vez.

Espectacular desde el comienzo, cantó I Will Follow You en español, luciendo rojo y quemado por el sol, seguramente por una visita a su querido Punta Carnero. Más (More), canción emblemática, indicó le había permitido ganar la OTI en México.

Put Your Head On My Shoulder, casi un emblema de los años cincuenta en EE.UU., verdadero himno al amor adolescente y coreado por el público en masa era lo mejor hasta el momento, mientras Enrique Guzmán demostraba facultades intactas.

Con Cien kilos de barro continuó derrochando un sorprendente torrente vocal, imprimiéndole espectacularidad, incluso a una canción romántica y lenta como Pensaba en ti. Gracias a la orquestación que lo acompañaba exclamó: “El rock and roll y yo nacimos junto y hoy lo tengo aquí a mi lado”. ¡Qué orquesta tan vibrante!

Popotitos, canción insignia de Guzmán, fue tocada en forma majestuosa, con arreglos muy variados, a veces solamente con notas digitadas en la guitarra eléctrica y un tambor apenas audible, o sea en todas las combinaciones posibles. Sin pausar, mezcló La plaga, otro ícono, quizá el más representativo del rock en español que definitivamente nadie canta con la maestría de Enrique Guzmán.

Ángel de la mañana fue un soul, poderoso y pausado con Guzmán tocando guitarra acústica. El público coreaba sus canciones con frenesí y la pantalla pasaba imágenes acompañado de Rocío Dúrcal mientras interpretaba Acompáñame repleto de clase y siempre por encima de la cursilería vocal.

El sorprendente coro le permitió cantar Anoche no dormí como una mezcla de gospel-blues que dejó claramente establecido el talento y versatilidad de Enrique Guzmán.

 

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